lunes, 31 de diciembre de 2012

Los fines de mundo



El año 2012 muchos pensaron que se iba a terminar el mundo. Todo empezó con una errada interpretación del calendario de los Mayas, que originó una dispersión de especulaciones sin base sólida, sobre el fin del mundo para cualquier gusto.

Algunos escribieron sus locas ideas (¿o mentiras?) quizás esperando producir un best seller que los llenaría de dinero. Algunos canales de televisión pagada demostraron su ineptitud para proveer cultura, ofreciendo producciones sobre el fin del mundo, con profusión de efectos especiales digitales para todos los gustos o todos los sustos. Esos canales, supuestamente culturales, cayeron en el peor descrédito.
Cíclicamente en la historia se repiten los anuncios del fin del mundo, ocasionados por una interpretación supersticiosa de los acontecimientos naturales como graves epidemias, cataclismos, desastres climáticos o guerras. Y hay líderes religiosos que contribuyen en estos anuncios o los aprovechan para guiar las ovejas a su propio redil.

Me parece que este tema no merece mucha extensión, pero quiero expresar lo siguiente:
Mi asombro por el miedo colectivo que estos anuncios del fin del mundo el año 2012 han ocasionado; mi decepción por el poco análisis que muchas personas hacen de la basura que propagan algunos medios de comunicación; mi deseo de que aquellas personas que proclamaron que el mundo se iba a acabar el año 2012, expliquen por qué eso no sucedió, pidan excusas de su alarmismo y del miedo que ocasionaron en adultos y en niños. Nunca más se les dé tribuna a estos falsos e irresponsables agoreros en los medios de comunicación, que están para difundir la verdad, no el error, el saber, no la superstición, que tanto daño le hace a la humanidad.

martes, 6 de noviembre de 2012

La Genealogía



Actualmente hay un interés sin precedentes por la genealogía familiar. Internet ha proporcionado y lo seguirá haciendo, espero, una inmensa cantidad de datos genealógicos de todo el mundo, de forma gratuita y también pagada, con la cual cada persona puede obtener la información de sus antepasados hasta tiempos que no se imaginaba alcanzar. Además se dispone de programas computacionales para organizar toda esa información para compartirla con sus familiares u otras personas con las cuales quizás comparta antepasados.

El para qué de la genealogía: ¿Por qué pasa esto? Para algunos, como los “Mormones”, hay razones religiosas en investigar a los antepasados. Para otros hay motivaciones en obtener el reconocimiento de otra nacionalidad y poder emigrar hacia mejores oportunidades laborales. Para algunos es la respuesta a las preguntas que siempre se hicieron respecto al lugar de donde vinieron sus antepasados, qué los impulsó a viajar desde tan lejos como otro continente, como desde Europa a América, qué vida tenían o desentrañar misterios familiares o confirmar o rechazar historias familiares que ya nadie puede fundamentar.
Ciertas historias de familia se sabían como rumores o de oídas. Antes no se hablaba de ciertos temas, como los hijos fuera del matrimonio o los familiares orates, o a veces los motivos de inmigración eran tan tristes o traumáticos que se querían olvidar, como persecuciones y guerras.

Cuando uno se ocupa en atesorar los conocimientos de las familias de nuestro padre y madre, a través de ellos o de sus parientes y de nuestros abuelos, a través de sus relatos o escritos varios, o referencias a ellos, se va conformando nuestra historia de familia en la que reconocemos ciertos patrones de conducta, conocemos de las enfermedades más prevalentes de nuestros antepasados y si tenemos la suerte de atesorar las fotos antiguas, podremos reconocer también rasgos comunes, con todo lo cual vamos agrandando el tamaño familiar y conociendo  ancestros de los que nada sabíamos y comprendiendo de sus vidas, sus anhelos e incluso ciertos rasgos psicológicos nos pueden parecer parecidos a los propios. Sus cartas nos revelan sus anhelos, su carácter, sus ideas, sus proyectos. ¿Serán parecidos a los nuestros?
Si somos afortunados algún antepasado escribió sobre su vida o sus viajes. Quizás quiso tirar una botella con un relato desde su tiempo, hacia el futuro, hasta nuestros pies.

Las tradiciones orales persisten bastante incorruptibles por unos 400 años en civilizaciones sin escritura. En nuestra civilización actual con tanta información registrada y también con tanta que nunca se pensó en registrar, como la historia de las familias, hay mucho que hacer para reconstruir nuestra propia historia porque nadie tal vez la ha escrito, si así lo deseamos. O lo querrán nuestros hijos o nietos.

Hasta dónde podemos llegar: Cualquiera puede rastrear sobre su familia hasta aproximadamente los tatarabuelos. Se puede comprender que difícilmente podamos conocer siquiera a nuestros bisabuelos. Pero nuestros abuelos podrán contarnos de sus propios abuelos, o sea, nuestros tatarabuelos. Sin embargo la información va escaseando y difuminándose hacia atrás, porque no tenemos la tradición de transmitir oralmente la historia de nuestra familia. Pero se dispone de los registros eclesiásticos cristianos, por ejemplo, hasta por lo menos mediados del siglo XVI, cuando se decretó el registro obligatorio de bautismos, casamientos y defunciones. Si tuvimos antepasados destacados o de la nobleza, los registros son aún más antiguos.
Les cuento que por experiencia propia, el reconstruir la genealogía de mi familia (o mis familias, las de mi madre y las de mi padre), he podido confirmar relatos de abuelos, o refutar suposiciones o aclarar misterios de parentesco. Hasta hoy, estoy convencido que  he reunido más información familiar que cualquiera de mis antepasados y espero que siga apareciendo en la web cada vez algo más. Y he conocido cómo eran mis antepasados, qué hacían, qué soñaban, qué sufrieron y qué aportaron algunos a la historia de Chile, de España, o de Francia. Y al conocerlos los he allegado a mi familia. Así como soy, ellos y ellas tenían algunos rasgos de mí.

Algunas flores de primavera






El futuro sin petróleo



Nuestra civilización está basada en la energía abundante y relativamente barata. Antes de la revolución industrial la producción de los elementos que consideramos indispensables para nuestra sobrevivencia, se producían de forma artesanal: los alimentos, el vestuario y la vivienda. Todo requería mucho trabajo y mucho tiempo. Prácticamente cada cosa era única, distinta a otra con igual función y en general se hacían para durar lo más posible. Así era con los muebles, la ropa, las herramientas. La producción artesanal es limitada respecto al volumen de la producción industrial con una gran inversión en energía. El carbón y las primeras máquinas a vapor cambiaron el mundo: la energía se usó en abundancia y también fue abundante la elaboración de productos y el transporte fueron  como nunca masivos y rápidos. Después cambiamos al petróleo por su abundancia y el descubrimiento de importantes yacimientos petrolíferos en Texas a comienzos del siglo XX, puso al petróleo en el primer lugar desplazando al alcohol como combustible para la naciente industria del automóvil.

El plástico y otras maravillas: El petróleo, abundante fuente de energía, reforzó la revolución industrial y además ha sido el comienzo de una industria que está en muchos campos, como es la del plástico y similares. El petróleo nos durará unas cuantas décadas más y ahora debemos ocuparnos en desarrollar otras fuentes de energía que lo remplacen; Para el transporte quizás el hidrógeno. Para la energía de uso industrial y doméstico  no podemos volver al carbón, porque si bien sigue siendo abundante, también es finito y la biósfera no podría soportar la carga de su uso generalizado e intensivo. Sería acelerar el calentamiento global y otras desgracias sin vuelta. Ya sabemos que debemos instalar sistemas de energía de producción limpia y renovable. Pero hay algo en lo que no hemos pensado mucho: La sobrepoblación humana actual, si bien se ha alcanzado por el desarrollo de la medicina y de la salud pública, de la agricultura y muchas tecnologías asociadas, se debe también al uso de grandes cantidades de energía relativamente barata, como la del carbón y después la del petróleo. Esto nos hace pensar que cuando ya no dispongamos de esa energía o sea muy cara, necesariamente va a haber una presión sostenida sobre todas las economías, sobre la producción de alimentos, sobre el transporte y sobre una sociedad basada en el consumo. Tendremos que ir pensando en un futuro próximo (unas dos generaciones), de una vida más austera, con uso generalizado de energías renovables e impensables adaptaciones para el trabajo, el ocio y la organización social.
Hay otro pero: ¿Cómo remplazaremos los miles de productos provenientes del petróleo? Veamos: El plástico que tenemos en casa, en el automóvil, en los empaques. Ciertamente un material maravilloso pero difícilmente reciclable, no biodegradable, del que tanto necesitamos, pero que no podremos fabricar en base al petróleo. Habrá entonces una gran presión sobre otras materias, como la biomasa: la madera y sus derivados, la pesca, la leña, etc. Pero no podemos seguir deforestando para ello o para hacer biocombustible en las cantidades que necesitaremos ¿Energía nuclear entonces? Aún no es de fiar. Es cosa de recordar los desastres de Fukushima o de Chernobil, entre otros de menor magnitud. El uranio también es finito. Los residuos nucleares son peligrosos, hasta por miles de años. Todo esto nos obliga a pensar en serio y a largo plazo. 

Qué viene: Lo que se viene para la sociedad humana es una vuelta desde las revoluciones del carbón y del petróleo, sus abundancias y la sobrepoblación que han producido, por lo menos en parte. Debemos pensar en un futuro totalmente distinto, pero que permita la producción de muchísima energía eléctrica para nuestras maquinarias de fábricas, de transporte y de nuestros  hogares. Las poderosas e influyentes potencias productoras de petróleo querrán hacer perdurar lo más posible su era dorada. Algunas ya han manifestado que el petróleo no les durará por siempre y están haciendo importantes transformaciones como cambiar su dependencia  de las ventas del crudo por el del turismo, como Dubai. Pero no se ve una convergencia  de intenciones a nivel mundial para aplicar un plan para el obligado cambio de paradigma del desarrollo. Ya hemos visto cómo algunas potencias mundiales simplemente no cumplen sus acuerdos sobre emisiones dañinas, frente a todas las naciones.

Las crisis económicas mundiales no dejarán de ser tan seguidas y tan profundas como las que hemos vivido y estamos viendo desde por lo menos el 2008, porque se persiste en solucionarlas aplicando la misma medida, haciendo más de lo mismo de siempre: producir más, consumir más petróleo, seguir creciendo, crear más demanda, etc. No queremos darnos cuenta que ese mundo ya no será posible y debemos ver nuestro futuro próximo de otra manera. No podemos seguir pensándolo como lo que ha sido desde la revolución industrial. Eso ya es historia. ¿Pesimismo? No, puro realismo.

sábado, 11 de agosto de 2012

Poesía


HOY SABÍA

Hoy sabía dónde se encuentran los senderos
Por dónde se aclaran los pasos
Dónde comienzan las vidas
Dónde terminan las miradas.

Hoy sabía del tiempo que comenzaba
Del movimiento que semejaba llegada
De la presencia que era como silencio
Pero que era un eco de luminiscencia.

Hoy sabía de recuerdos que eran futuro
Y que volaban rasantes como aves blancas
Para alejarse y desaparecer en el olvido.

Hoy sabía mucho de poco
Construí  días de algunas horas
Y toda una vida de días que nacían

Después olvidé las señales
Para volver al torrente que manaba
Pero me quedé con un recuerdo vago
Que intento retener y que se aleja.

 
NO ES EL DÍA

Quisiera traer un destello de luz hasta la mesa,
Presentar un hermoso recuerdo casi olvidado,
Mostrar una lustrosa  llave abandonada,
pero hoy se escondieron todas las bellezas,
se silenciaron las recitaciones y los cantos,
hoy no es propicio para tantas verdades,
hoy es el día de crepúsculos agonizantes.

Tantos pasos quedaron en el aire,
sin apoyo ni camino ni avances,
las manos quedaron abiertas para estrecharse
pero así quedaron, sólo abriendo oportunidades.

Cómo quisiera traer una sonrisa para dejarla,
para que cuente de sus aguas cristalinas,
para que forme emociones en el aire,
y alumbre la sombra y  disipe la bruma.

Hoy no es el día, no es el día imaginado,
no es la quimera que yo  soñaba,
hoy no vienen los rumores de las hojas,
hoy no viene la brisa, hoy las nubes se quedan.

La belleza de los musgos









¿Legalización de las drogas?


Milton Friedman, premio Nobel de Economía 1976, remeció las convicciones al opinar que estaba de acuerdo con legalizar la producción y el uso de drogas consideradas  ilícitas. El narcotráfico y el uso de las drogas ha causado y sigue causando muchísimo sufrimiento y destrucción de las sociedades por dos frentes: La corrupción de sus instituciones y el daño y destrucción de la salud de las personas. Cuando sabemos de crímenes, cada vez más atroces de manos del narcotráfico, vemos lo que se produce; Las víctimas personales de la adicción a drogas, que es creciente y que causa daños irreversibles al cerebro, no las conocemos mayormente, sino quizás por cifras estadísticas, quizás por algún caso cercano. Estas víctimas no se ven porque se han degradado hasta el punto de ser capaces de hacer cualquier cosa por satisfacer la adicción, que si no se hace, genera un síndrome de abstinencia angustioso que no se mitiga sino con el uso de drogas.

Hoy en Chile, como en otros países, han surgido voces a favor de la legalización de la producción y uso de cualquier droga, argumentando que así se estandarizaría la “calidad” de las drogas y así su “seguridad”, los productores pagarían impuestos y con éstos se financiaría la educación contra el uso de drogas y el tratamiento de los que caen en ellas. De esta manera se liberarían los grandes recursos que desde hace décadas se gastan en el combate al narcotráfico y que en opinión de estas opiniones, es una guerra perdida. Se argumenta también que si el tabaco y el alcohol se producen legalmente y pagan impuestos altos, lo mismo debería hacerse con las drogas.

Estos argumentos son falaces. Si bien en el caso de las bebidas alcohólicas y del tabaco se han subido los impuestos y se ha limitado su promoción, no podemos asegurar que haya campañas educativas a gran escala en todos los países donde éstas existen y muchas veces se limitan a advertencias en las etiquetas. Por otra parte lo que se hace en estos casos son alternativas de control a falta de haber parado el problema desde sus inicios. Es cierto que el uso y abuso del tabaco y el alcohol vienen de siempre, pero su gran oferta y amplia difusión colocó las cosas de una forma muy diferente. Recordemos las décadas de promoción del tabaco y su aceptación como elemento de status social. Recordemos también los argumentos de las tabacaleras que desmentían que el tabaco fuera dañino para la salud. ¿Hoy, quién podría argumentar esto con la evidencia acumulada? Recordemos además las décadas en que de esta forma se asentó la valoración social del tabaco y la sobre-oferta de alcohol desde la juventud, uno de cuyos resultados es que hoy el emborracharse no es motivo de preocupación para los que se embriagan. Ellos remarcan y valoran las percepciones de agrado, de distensión y desinhibición que produce el alcohol, por ejemplo, sin referirse a sus efectos negativos como adicción, destrucción hepática, destrucción familiar, etc. ¿Queremos repetir y a gran escala, con gran publicidad (y engañosa), este proceso, con la instalación legal de las drogas en la sociedad? ¿Tenemos en cuenta el alto poder adictivo y destructivo al cerebro (y de la conducta) que las drogan provocan? Sería como abrir otra caja de Pandora con consecuencias mucho más graves.

Lamento que un gran problema social se reduzca a la ley de la oferta y la demanda. ¿Con qué ética se les daría aprobación a los productores de drogas para causar tanto daño a la sociedad? ¿Es legítimo legitimar la autodestrucción? ¿Es legítimo y ético ofrecer drogas de distinto precio y valor adictivo, promocionando el escalar de un nivel a otro, hasta experiencias más intensas, pero creando mayor dependencia? ¿Es ético promover, con todas las artimañas de la publicidad, el inicio del uso de drogas, sabiendo que pronto se adquirirá la adicción, que es para muchos un viaje sin vuelta atrás y si se produce la vuelta, hay gran probabilidad de recaer?

Pienso que la guerra a las drogas no está perdida porque no se ha enfatizado justamente en  la educación. Porque se ha dejado que se instale en la sociedad, seguramente como parte del plan del narcotráfico. ¡Qué contentos deben estar los grandes mafiosos de la droga con opiniones a favor de su legitimación! Legalizar las drogas no  terminaría con su mercado negro, sino peor, lo agravaría; La recarga a los sistemas de salud sería enorme y todos tendríamos que financiarla.  Con todo esto, ganaría el narcotráfico y perderíamos todos.